lunes, 10 de agosto de 2015

Nogal Creciente

Amaneceres

Azul Ruso paseaba por el salón. Tan sigiloso como de costumbre. Fija tenia la mirada hacia su destino. Solamente debía pasar la cocina, recorrer el pequeño pasillo y entrar por el marco de la puerta de la habitación de Mariana.

Una vez delante de la cama, sin apenas hacer ruido como de costumbre, metió su cabeza entre las sabanas para poder tocarla. Sólo le quedaba un pie fuera cuando la pudo tocar con la nariz.

Un segundo, dos segundos, y se dispuso a realizar aquello que tanto le gustaba hacer los domingos por la mañana.Se puso frente a frente con ella, la observó, asegurándose que no sospechaba nada, sacó la lengua y le empezó a lamer la nariz suavemente. Seguidamente los ojos y al ver que Mariana no se inmutaba le empezó a lamer la oreja. Azul ruso se relamía los labios al ver como ella se retorcía en la cama, pues tenía mucha piel con la que jugar y le sobraba tiempo.

Cesó unos minutos ya que disfrutaba de las vista que le proporcionaba ese espectáculo. Bordeó la cama sin perder de vista a su presa indefensa, medio desnuda, y totalmente apetecible y se dispuso a atacar de nuevo.
Se decantó  por un pie derecho que sobresalía del somier, acercó la pequeña nariz que le caracterizaba  haciéndole cosquillas  (con el bigote) a la indefensa chica, y ,al lamerle la punta del dedo, gemidos y pequeños suspiros inundaron la pequeña habitación con apenas luz.

Azul Ruso acabó jugando con los tobillos, pequeños e inocentes lametones y picaros mordisquitos hicieron que Mariana abriera un ojo. Que a causa de la poca iluminación no podía ver quien se recreaba con sus largas piernas. Ella lo llamo.
Faltaron segundos para que Azul Ruso apareciera delante de su cara con sus enormes ojos redondos. Mariana al ver a su compañero tan cerca sonrío, le dió un beso y le deseó unos buenos días, retiró las sábanas y se fué a la ducha para empezar un nuevo día cargado de nuevas ilusiones.

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El día transcurrió con mucha normalidad. Desde que Mariana salió de casa por la mañana Azul Ruso había echo como cada domingo, una pequeña siesta a media mañana, comer, acercarse a la terraza y observar las vistas de ese maravilloso ático, otra siesta con los últimos rayos de sol que acariciaban la terraza.
Y cuando se disponía a entrar a casa para esperar a Mariana escuchó un ruido en la terraza del vecino. Aparte de unos ojos redondos y una nariz pequeña a Azul Ruso lo caracterizaba un gran sentido de la curiosidad.

Esa tarde conoció a Tina. Nunca se habían visto antes y eso que el vivía allí desde hacía 10 años. Tina era mas joven pero no por eso era inexperta, era mucho mas despierta que las de su edad, poseía una mente prodigiosa, grande sabiduría acompañado de una picardía juguetona.
Sus enormes ojos azul cielo acompañado de su pelo rubio oscuro hacían de las mejores combinaciones que Azul Ruso había presenciado en mucho tiempo.

Se quedaron juntos hasta bien entrada la noche, el no podía parar de observarla y quedar asombrado de su personalidad. En cuanto escuchó entrar las llaves en la cerradura se despidió corriendo de Tina y entró en casa.
Mariana entro en casa exhausta del duro día. Se tumbó junto él en el sofá. Abrazándole apasionadamente y mirándole a los ojos contándole lo mal que le había ido ese domingo. Se le escaparon un par de lágrimas y Azul Ruso se las retiro de sus mejillas sonrojadas. Se paró, miro a los ojos marrones de su compañero hasta verle el alma, lo abrazó de nuevo y al separarse le propinó un beso seguidamente otro y después más, apenas había intervalo entre esos preciosos, suaves y dulces besos.
Una vez recompuesta, Mariana se levantó del sofá sonrió entre lágrimas, se arregló la falda y se dispuso a prepararse la cena. ¡Hoy cenaban salmón!

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