Ella echaba en falta a alguien que la adorara, que la mimara apoyara y entendiera. Algo parecida a un alma gemela con quien descubrir océanos. Siempre con la misma piedra, azul, negra, gris, marrón... Independiente color pero mismo interior.
¿Donde estaba sus alas, cuando vendrían? ¿Cuando se sentiría como debería sentirse?
Exhausta estaba de escapar de aquellos cuervos que sólo querían arrancarle los ojos, los dientes, las uñas, y todo aquello que les hubiera dejado a su merced.
No sabía como escapar de aquel cementerio que sin darse cuenta la había aprisionado durante años. Se fijaba en su alrededor. Cuerpos sin expresión ni color descansaban en el suelo. Provocándole una ansiedad que la tumbo al suelo dejándola sin consciencia.
martes, 19 de abril de 2016
martes, 5 de abril de 2016
Coser y cantar.
Me levanté del sofá y fui hacia el baño, una vez allí recolecté
todo lo indispensable, aguja, hilo, suero fisiológico, gasas, guantes y tijeras.
Lo preparé con delicadeza, cada uno tenía su sitio el cual no podía ser ocupado
por otro o por otro parecido.
Los guantes perfectamente preparados y separados indicando cual era para cada mano, la aguja enfilada, las gasas separadas y algunas impregnadas de
suero y las tijeras al final del todo.
Miré al frente en dirección al espejo redondo y un poco
oxidado. Se podía ver perfectamente la ausencia de higiene que tenía, pues no
lo habían tratado de tocar desde hacía meses y ahora nadie se atrevía. Miré mi
pelo, todo revoloteado, era imposible domar a esos vecinos y más después de
días sin salir a la calle.
Cogí la aguja y anudé el final del hilo para que este no se
me escapara y me dejara a medias reaccionando echándome atrás. Lo afronté a la zona a atravesar, suspiré y me dispuse a ello.
Una pequeña punción me alertó de que iba por buen camino, y
el olor metálico inundó la habitación, seguidamente una rozadura prolongada y
suave que demostraba que el hilo estaba siguiendo el camino que le indicaba su cabecilla.
De un extremo a la diagonal inferior, otra punción y de
nuevo metálico, otra diagonal, otra punción... y así hasta terminar al otro
extremo.
Unos toquecitos con las gasas impregnadas para limpiar la
zona, un nudo doble en el extremo y a cortar el hilo. Una vez cortado este ya
se podía apreciar el resultado final:
La zona hinchada y roja, a causa de la lesión producida por
el alfiler, contrastaba con el color del hilo que se sobreponía encima de su piel de origen pálida.
Me miré y observé el resultado final, nunca se me había dado bien eso de la
costura, pero no era muy difícil cerrar una boca con aguja e hilo, así que me di
por satisfecha. Guardé todos los utensilios utilizados una vez limpios y me
dirigí al salón donde él me esperaba. Estaba segura que el resultado era su
esperado. :)
jueves, 3 de diciembre de 2015
Lunas de placer.
Eran las 3
de la madrugada y como cada varias noches entre semana que mi cerebro estaba
mas despierto que de costumbre intentaba distraerme para ver si me entraba el
sueño.
Hacía horas que no hablaba contigo, tu madrugabas y yo, simplemente no quería madrugar. Casi ya dejaba el móvil cuando una notificación de un mensaje tuyo se asomó por la parte superior de mi pantalla:
-Estas despierta? No puedo dormir.
-Estaba a punto de cerrar los ojos ya.
-Lo siento no debería, pero llevo rato pensando en esto: Me gustaría verte. Ahora. Si aceptas en 5 minutos paso a buscarte.
Así fue, a los 5 minutos estaba en frente de mi casa esperándome. Que quería a esas horas?
Me senté donde el copiloto, me miró y se aseguró que me ponía el cinturón, echo eso hundió su pie en el acelerador. No quería preguntar el destino ya que se le veía conduciendo seguro hacia un sitio determinado.
Nos alejábamos de la ciudad entrando en carreteras de curvas con vistas a la majestuosa ciudad de Barcelona...
Apagó el motor de su Seat en el mirador de Horta. Me ofreció un par de chaquetas y salimos al exterior.
El otoño nos abrazaba con su particular aire fresco y las noches cada vez más oscuras, obligándonos a ponernos capas y capas de ropa.
Una vez sentados en uno de los bancos me ofreció un cigarro. No me miraba a los ojos, algo ocurría por esa cabeza de pelo revoltoso
La noche se iba alargando y no movía los labios mas que para inhalar y exhalar el dichoso humo, hasta que el cigarro llegó a su fin y fue lanzado al suelo. Lo miré y me encontré con unos ojos enfadados, mirándome directamente a lo mas profundo de mi pupila. Asustada mi cuerpo reaccionó retrocediendo un par de milímetros, y el, al ver eso me cogió por la nuca asegurándose con mi pelo de una imposible huída. En menos de un segundo estaba tumbada con ese chico encima mío. Su boca besaba ferozmente la mía sin compasión, mientras pequeños jadeos se le escapaban al apretar su cuerpo contra el mío.
Era una situación muy inesperada, pero que estaba consiguiendo que ese aire otoñal se convirtiera en puro aire de playa al mediodía de agosto.
El corazón se aceleraba, y mis manos tomaron el control. Enredaba mis dedos a su pelo estirándoselo para dejar al descubierto su cuello.
Jadeaba el, jadeaba yo y mi pelvis empezaba a buscar el roce con la suya. Me senté encima suyo dejando una pierna a cada lado del banco. Mientras, el me desabrochaba el sujetador por debajo de la sudadera, no podía parar de tocar esos brazos tonificados y moverme buscando su erección.
Me levantó las prendas dejando mis pechos turgentes a la luz de la luna llena, los lamía y mordía con voracidad mientras con las manos me iba subiendo la falda dejándola en la cintura.
Me rasgó las medias para poder tocarme y comprobar mi estado de excitación. Me volvió a estirar y se desabrocho sus tejanos negros, se los bajó y pude ver su erección preparado para ser saciado.
Abrió lo máximo que pudo mis piernas, cogiéndomelas por las rodillas y me penetró suavemente, notando cada centímetro que recorría dentro de mi cuerpo, cada plexo de la piel y cada nervio.
Yo ansiosa de más, moví mi pelvis contra la suya provocándole un gemido que se escapó entre dientes.
Me miró directamente mientras cogía aire, y volvió a empujar su pelvis a ritmo rápido mientras seguía con sus ojos clavados en mí.
Como podía estar pasando eso? Como podía estar en un mirador en medio del exterior follando con él? Poco podía responder cuando me invadía un calor, una sensación de placer absoluto, ahora mismo cualquier cosa no importaba.
Me senté en su regazo dándole la espalda y teniendo toda Barcelona reflejada en mis ojos, cuando de golpe un coche se detuvo en el parking. Los dos nos percatamos, me sonrió y me tapo la boca con su mano. Ahora mandaba yo así que baje el ritmo para que me notara bien, mientras con una mano le dejaba jugar con mi clítoris y la otra jugaba con mi lengua.
Los ocupantes del coche se sentaron a una buena distancia, por lo que les sería difícil vernos gracias a la sombra de los arboles que nos cubrían.
Hacía horas que no hablaba contigo, tu madrugabas y yo, simplemente no quería madrugar. Casi ya dejaba el móvil cuando una notificación de un mensaje tuyo se asomó por la parte superior de mi pantalla:
-Estas despierta? No puedo dormir.
-Estaba a punto de cerrar los ojos ya.
-Lo siento no debería, pero llevo rato pensando en esto: Me gustaría verte. Ahora. Si aceptas en 5 minutos paso a buscarte.
Así fue, a los 5 minutos estaba en frente de mi casa esperándome. Que quería a esas horas?
Me senté donde el copiloto, me miró y se aseguró que me ponía el cinturón, echo eso hundió su pie en el acelerador. No quería preguntar el destino ya que se le veía conduciendo seguro hacia un sitio determinado.
Nos alejábamos de la ciudad entrando en carreteras de curvas con vistas a la majestuosa ciudad de Barcelona...
Apagó el motor de su Seat en el mirador de Horta. Me ofreció un par de chaquetas y salimos al exterior.
El otoño nos abrazaba con su particular aire fresco y las noches cada vez más oscuras, obligándonos a ponernos capas y capas de ropa.
Una vez sentados en uno de los bancos me ofreció un cigarro. No me miraba a los ojos, algo ocurría por esa cabeza de pelo revoltoso
La noche se iba alargando y no movía los labios mas que para inhalar y exhalar el dichoso humo, hasta que el cigarro llegó a su fin y fue lanzado al suelo. Lo miré y me encontré con unos ojos enfadados, mirándome directamente a lo mas profundo de mi pupila. Asustada mi cuerpo reaccionó retrocediendo un par de milímetros, y el, al ver eso me cogió por la nuca asegurándose con mi pelo de una imposible huída. En menos de un segundo estaba tumbada con ese chico encima mío. Su boca besaba ferozmente la mía sin compasión, mientras pequeños jadeos se le escapaban al apretar su cuerpo contra el mío.
Era una situación muy inesperada, pero que estaba consiguiendo que ese aire otoñal se convirtiera en puro aire de playa al mediodía de agosto.
El corazón se aceleraba, y mis manos tomaron el control. Enredaba mis dedos a su pelo estirándoselo para dejar al descubierto su cuello.
Jadeaba el, jadeaba yo y mi pelvis empezaba a buscar el roce con la suya. Me senté encima suyo dejando una pierna a cada lado del banco. Mientras, el me desabrochaba el sujetador por debajo de la sudadera, no podía parar de tocar esos brazos tonificados y moverme buscando su erección.
Me levantó las prendas dejando mis pechos turgentes a la luz de la luna llena, los lamía y mordía con voracidad mientras con las manos me iba subiendo la falda dejándola en la cintura.
Me rasgó las medias para poder tocarme y comprobar mi estado de excitación. Me volvió a estirar y se desabrocho sus tejanos negros, se los bajó y pude ver su erección preparado para ser saciado.
Abrió lo máximo que pudo mis piernas, cogiéndomelas por las rodillas y me penetró suavemente, notando cada centímetro que recorría dentro de mi cuerpo, cada plexo de la piel y cada nervio.
Yo ansiosa de más, moví mi pelvis contra la suya provocándole un gemido que se escapó entre dientes.
Me miró directamente mientras cogía aire, y volvió a empujar su pelvis a ritmo rápido mientras seguía con sus ojos clavados en mí.
Como podía estar pasando eso? Como podía estar en un mirador en medio del exterior follando con él? Poco podía responder cuando me invadía un calor, una sensación de placer absoluto, ahora mismo cualquier cosa no importaba.
Me senté en su regazo dándole la espalda y teniendo toda Barcelona reflejada en mis ojos, cuando de golpe un coche se detuvo en el parking. Los dos nos percatamos, me sonrió y me tapo la boca con su mano. Ahora mandaba yo así que baje el ritmo para que me notara bien, mientras con una mano le dejaba jugar con mi clítoris y la otra jugaba con mi lengua.
Los ocupantes del coche se sentaron a una buena distancia, por lo que les sería difícil vernos gracias a la sombra de los arboles que nos cubrían.
Entre su penetración y la masturbación que me estaba realizando estaba llegando a mi clímax y el al darse cuenta que empezaban a temblarme las piernas paró en seco. Me cogió en brazos y me sentó encima de la valla y susurrándome me dijo:
-Mientras te
folle quiero que mires fijamente a los que acaban de llegar, como no me hagas
no voy a dejarte correr.
Apenas podía hablar por lo que le afirmé con la cabeza. Miré a los ocupantes del otro banco y volví a notar como me complacía el vacio que sentía en ese momento.
Cada vez mas fuerte, cada vez mas profundo, cada vez mas seco, cada vez mas y mas placentero.
Mis piernas empezaban a temblar, mi espalda a arquearse y mis dedos lo apretaban cada vez con mas fuerza. Los gemidos subían de volumen, por lo que me calló metiéndome su lengua que quería mas.
El empezaba también a temblar por lo que provoco una sonrisa picarona en mí, y lo ayudé a sentir más moviendo en onda mi pelvis.
Gemía y gemía hasta que de golpe esa burbuja de placer incondicional estalló dentro de mí, mientras el bombeaba un par mas de veces provocándole una respiración fatigosa. Dejó caer su cabeza en mi pecho mientras la retiraba poco a poco, y centímetro a centímetro notaba como la echaba de menos. Sólo quería repetir.
Apenas podía hablar por lo que le afirmé con la cabeza. Miré a los ocupantes del otro banco y volví a notar como me complacía el vacio que sentía en ese momento.
Cada vez mas fuerte, cada vez mas profundo, cada vez mas seco, cada vez mas y mas placentero.
Mis piernas empezaban a temblar, mi espalda a arquearse y mis dedos lo apretaban cada vez con mas fuerza. Los gemidos subían de volumen, por lo que me calló metiéndome su lengua que quería mas.
El empezaba también a temblar por lo que provoco una sonrisa picarona en mí, y lo ayudé a sentir más moviendo en onda mi pelvis.
Gemía y gemía hasta que de golpe esa burbuja de placer incondicional estalló dentro de mí, mientras el bombeaba un par mas de veces provocándole una respiración fatigosa. Dejó caer su cabeza en mi pecho mientras la retiraba poco a poco, y centímetro a centímetro notaba como la echaba de menos. Sólo quería repetir.
martes, 10 de noviembre de 2015
Marrón
Una y otra vez me despierto con una nueva
Dejad de venir.
Nuevos disculpas en la puerta de mi casa
Dejad de venir, dejadme en paz.
No hay solución que el pasado acepte
Dejad de venir, dejadme en paz quiero estar sola.
Me atormentan una y otra vez por no haber afilado bien la lanza
Dejad de venir.
Nuevos disculpas en la puerta de mi casa
Dejad de venir, dejadme en paz.
No hay solución que el pasado acepte
Dejad de venir, dejadme en paz quiero estar sola.
Me atormentan una y otra vez por no haber afilado bien la lanza
miércoles, 4 de noviembre de 2015
IX
No temas a que el diablo venga a por mí.
Te he querido en cuerpo y alma por lo que no podrá alejarme.
Quizás es pronto, quizás es perfecto pero no conozco a nadie que avance mirando hacia atrás...
Detente y párate a mirar a tu izquierda y derecha para ver a quien ves, quien está y quien te gustaría que estuviera.
Y una vez seguro decide el ritmo de tu marcha.
Seguiré aquí, tejiendo historias imaginarias, historias para pequeños soñadores. La esencia es la fragancia de pocos que saben apreciarla.
Recuerda la mía en aquellos instantes que la desees, sabes que está debajo de la almohada, debajo de cada hilo trenzado, debajo de cada caída de ojos y debajo de cada sonrisa.
Dejaré que todo siga su curso, aunque en contra esté de las tormentas que se acercan por el norte. Me quedaré esperando a que vuelva la primavera y con ella mis sonrisas vuelvan a florecer. Otoño ayuda a aquellos que quieren desaparecer.
Te he querido en cuerpo y alma por lo que no podrá alejarme.
Quizás es pronto, quizás es perfecto pero no conozco a nadie que avance mirando hacia atrás...
Detente y párate a mirar a tu izquierda y derecha para ver a quien ves, quien está y quien te gustaría que estuviera.
Y una vez seguro decide el ritmo de tu marcha.
Seguiré aquí, tejiendo historias imaginarias, historias para pequeños soñadores. La esencia es la fragancia de pocos que saben apreciarla.
Recuerda la mía en aquellos instantes que la desees, sabes que está debajo de la almohada, debajo de cada hilo trenzado, debajo de cada caída de ojos y debajo de cada sonrisa.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Característico
Beso en la frente
Otro en la nariz
Seguimos por la barbilla
Y terminamos en la nuca
Que dulces recuerdos
dulces cuando me los dabas.
Otro en la nariz
Seguimos por la barbilla
Y terminamos en la nuca
Que dulces recuerdos
dulces cuando me los dabas.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Nogal creciente.
Rayos vacíos
Se desapretó la corbata pues le agobiaba tenerla tan apretada, se dispuso a emprender el camino hacia donde debiera de ir. Sacó el teléfono móvil del bolsillo y tecleó varias teclas conectó los auriculares y le dio al play de su lista de reproducción.
Al escuchar las primeras notas de aquella melodía, su rostro se relajó su paso por las calles se volvió más alegre e incluso seguía el ritmo con el pulgar de la mano libre.
Al llegar a la parada del autobús no tuvo que esperarse más que por hacer cola al entrar al vehículo. Una vez en el interior dejó la mirada perdida hacia el exterior de ese trato metálico torpe y grande y reconoció unos a una persona fuera de este.
Se había puesto las gafas de sol para pasar más inadvertida pero aún así su presa la había detectado. Intentó esconderse aún más en sí misma, haciéndose pequeña y dando unos pasos pequeños hacia atrás al sentirse acorralada por esos ojos oscuros y enfadados.
Al verla todo su alrededor ennegreció, se fijó en ella y la sangre que corría por sus venas empezó a producirle más y más calor. No podía permitirse el hecho de verla, ni ahora ni nunca, pero sus ojos no podían apartarse de esa pequeña chica temblorosa.
El autobús arrancó produciendo un estruendo y una nube espesa de humo negro, Javier seguía mirándola, aún moviendo la cabeza hasta que por lejanía ya no pudo reconocerla de todo el bullicio. Cerró los ojos, bajó la mirada y la cabeza y miró sus zapatos numero 43 manchados y desgastados por el paso del tiempo. Sus labios se movieron tarareando la canción que sonaba entonces en su reproductor:
No quiero verla más, que no, que no No quiero verla más, que no No quiero verla más, que no, que no
Mariana se quedó allí quieta observando como se iba ese autobús verde, el número 4. Dónde cada día veía se subían las mismas personas pero no con las mismas preocupaciones o intereses.No quiero verla en ningún lugar Sacarla de mi imaginación Porque no me deja reaccionar
Se retiró las gafas de sol se colocó la mochila en su espalda y empezó a andar en la dirección opuesta al número 4.
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